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Versión corregida

Soledad

Aún recuerdo el día que te conocí: fue como un sutil respiro de aire fresco; como empacar una maleta, tomar una guitarra y correr a tus brazos.

Al principio todo fue como cualquier enamoramiento. Me sonreías día a día, haciéndome olvidar todo lo complejo, lo pasajero, las miradas y los espejos.

Por las noches me cobijabas con tu silencio y me arrullaba el vacío de tu voz.

Comprendí que también el silencio tiene su voz; que el corazón es el templo de la razón.

Que una intención se propaga en una mirada, en una sonrisa o en un gesto de respeto.

Quién diría que seríamos mejores amigos. Aunque hay veces que no soportamos estar juntos, siempre volvemos a encontrarnos.

Hay quienes te conocemos por decisión propia y otros que también te conocen por necesidad; sin embargo, a todos nos consuelas y nos muestras el valor de aprender a esperar.

Quizá seas una escuela para aprender a estar con uno mismo, o un refugio de la desilusión.

Sea lo que sea, no estás solo: estás aprendiendo a estar contigo.

Leer el texto original sin correcciones

Poema original

Soledad

Aún recuerdo el día que te conocí, fue como un sutil respiro de aire fresco, empacar una maleta, una guitarra y correr a tus brazos.

Al principio todo fue como cualquier enamoramiento, me sonreias día a día haciéndome olvidar de todo lo complejo, lo pasajero, las miradas y los espejos.

Por las noches me cobijabas con tu silencio y me arruyaba el vacío de tu voz.

Comprendí que también el Silencio tiene su Voz, que el Corazon es el Templo de la Razon.

Que una intencion se propaga en una mirada, en una sonrisa o un gesto de respeto.

Quién diría que seríamos mejores amigos, aún cuando hay veces que no soportamos estar juntos siempre volvemos a encontrarnos.

Hay quienes por decisión propia te conocemos y otros que también te conocen por necesidad sin embargo a todos nos consolas y muestras el valor de aprender a esperar.

Quizá seas una escuela para aprender a estar con uno mismo o un refugio de la desilucion.

Sea lo que sea. No estás solo, estás aprendiendo a estar contigo.

Perspectiva literaria

The poem’s most compelling choice is to address solitude as though it were a lover. The opening resembles a romantic memory—fresh air, a packed suitcase, a guitar, open arms—but the beloved is gradually revealed as silence itself. This personification lets the poem hold two truths at once: solitude can wound us, yet it can also shelter and teach us.

The line about silence having a voice is the emotional hinge. It suggests that when external noise disappears, the heart begins to hear what it has avoided. The poem also understands that solitude comes by choice for some and by necessity for others; it refuses to romanticize the experience completely. Its final distinction between being “alone” and learning to be “with yourself” is psychologically mature. The human heart here does not conquer loneliness—it befriends it, and through that friendship becomes less abandoned by itself.

Esta lectura editorial es una interpretación y no una declaración definitiva de la intención del autor.

Featured image / Imagen destacada: chrisivan69 via Envato Elements — licensed via Envato Elements for A Poet’s Diary.

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